«Lo que estamos haciendo en las universidades españolas son milagros»

Adelaida de la Calle: «La sociedad corre y la universidad española debe cambiar para estar a su lado y poder ofrecerle una respuesta»

Menos ministra de Educación, Adelaida de la Calle (Madrid, 1948) lo ha sido todo en el ámbito educativo. Bióloga de formación, es parte de aquella generación de investigadores que en los años 80 del siglo pasado salieron del país en busca de oportunidades y formación para después regresar a casa. Catedrática de Biología Celular, fue rectora de la Universidad de Málaga (2004-2015), presidenta de la CRUE, la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (2011-2013) y Consejera de Educación de Andalucía (2015-2017). Este jueves, en la X edición de Futuro en Español analizará los retos de la educación superior junto a Mariano Jabonero secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos y Miguel Arrufat, director de la UNIR.

– De la noche a la mañana la universidad española se ha tenido que reinventar para continuar con la formación, la investigación… ¿Será la pandemia el punto de inflexión que necesitaba para afrontar su renovación?

– Se puede aprovechar una parte de lo que ha sucedido en este tiempo. La universidad ya estaba preparada para abordar una situación como esta. La presencialidad es su elemento esencial, pero ya había una gran oferta ‘on line’ que comenzó con los MOOC (cursos en línea masivos, en sus siglas en inglés), cuando empezamos a utilizar y a desarrollar plataformas digitales para impartir esa oferta. La pandemia ha supuesto un impulso más fuerte y todo el mundo ha hecho un esfuerzo añadido. En ese sentido, se ha mejorado, pero nuestras universidades son presenciales y necesitan que una gran parte del trabajo que se tiene que realizar sea presencial en la universidad. Un químico, un médico, si no tienen laboratorios…

– Más allá de esos cambios operados por la pandemia, ¿necesita la universidad española una reforma de más calado?

– Sí, sí. La universidad debe de cambiar, y no sólo por la pandemia. Ese ha sido un factor más dentro de un conjunto más amplio de situaciones. Las propias tecnologías tienen unos requerimientos muy elevados, la robótica, el blockchain, el Internet de las cosas, los drones, el Big Data… Son competencias y habilidades que necesitan nuestros alumnos y que son diferentes a las que les estamos dando hasta ahora. La sociedad corre y la universidad española debe cambiar para estar a su lado y poder ofrecerle una respuesta. La propia universidad está convencida de que tiene que afrontar ese cambio.

– Pero la universidad pública no se caracteriza por ser una institución ágil a la hora de implementar reformas de calado.

– Las privadas lo tienen más fácil para hacer cambios, aunque también pasan por esas agencias de evaluación que tienen su complejidad. Estamos todos de acuerdo en que la formación en agricultura de precisión, de industria 4.0, de turismo inteligente, en todas esas demandas de la sociedad, todo ese tipo de acciones no se sostiene con el modelo de grados que tenemos en la universidad en el momento actual. La flexibilidad en los títulos debe ser enorme y los conocimientos que se imparten deben ser más transversales para dar respuesta a una sociedad que corre. No podemos ser la universidad antigua que se miraba a sí misma y en la que cambiar los títulos era casi imposible. Los estudiantes requieren ahora otras competencias.

– ¿Un nuevo marco legal?

– Creo que sí. Esa parece ser la tendencia y no hay que asustarse porque cambien las leyes. Las normas deben seguir el ritmo de lo que demanda la propia sociedad. No podemos decir que es bueno mantener la Ley Moyano de 1857 ya que la sociedad ha cambiado mucho.

– Y en ese escenario de futuro, ¿qué papel jugarán las universidades más pequeñas?

– Soy defensora de los Campus de Excelencia Internacional [la UR está integrada en el Campus Íberus junto a la de Zaragoza, Pública de Navarra y Lleida]. Es un modelo muy rentable en el que el objetivo no es que no existan esas pequeñas universidades, sino que se unan para ofrecer titulaciones conjuntas. Generan movilidad, riqueza de conocimientos, aumentan las líneas de investigación y facilitan las competencias que van a recibir los alumnos. Es lo que tendríamos que hacer. No vamos a eliminar a las pequeñas sino a generar esas agrupaciones enfocadas al ámbito internacional, ahí es donde la internacionalización de las universidades tendría que empezar ya que lo potencia todo, incluida la investigación.

– Investigación a la que no le vendría mal más financiación.

– Evidentemente. Estos últimos años han sido dolorosos en cuando a los fondos de investigación y la universidad lo ha pasado mal. Ahora, gracias a la pandemia, la gente parece haberse dado cuenta de lo importante que es. Pero lo mismo la del campo de la salud, que la de la industria. Lo que hace falta es dinero, porque hay talento y los investigadores se están marchando para no volver.

– Y la ausencia de las universidades españolas en los rankings internacionales, ¿cómo se debe interpretar?

– No nos fijamos en lo que nos tenemos que fijar. Sirven para estimular, pero hay que mirar todos los elementos, también la financiación. Lo que estamos haciendo en las universidades españolas son milagros: buena investigación, cargados de docencia… Son buenas universidades que se esfuerzan por ser muy buenas, por hacer buena ciencia y buena docencia. ¿Compararnos con Oxford? No podemos porque los parámetros de financiación son muy diferentes y todo cuesta dinero.