El papel de la inteligencia artificial

Idioma y tecnología. Los avances científicos, que tienen un papel esencial en el español, ofrecen oportunidades de desarrollo y, a su vez, riesgos (entre ellos, la privacidad), desconocidos por empresas y por ciudadanos

Las nuevas tecnologías y, en concreto, la inteligencia artificial, desempeñan un papel fundamental en el español. Las cifras de hablantes de este idioma han aumentado un 30% en la última década y reflejan un posicionamiento significativo: más de 580 millones de personas hablan español en todo el mundo. De ellas, 480 millones lo tienen como lengua materna. En internet es la tercera más utilizada y, en las redes sociales, ocupa una posición similar, según datos del Instituto Cervantes.

El español de la tecnología está dominado por las grandes empresas: Alexa, Siri, Cortana y el asistente de Google hablan el idioma, pero no de una manera unificada, porque no es su lengua materna. «Las máquinas hablan el español que han seleccionado sus desarrolladores, que no coincide con el que establece la Real Academia de la Lengua Española», explica Richard Benjamins, chief AI & Data Stategist en Telefónica. De ahí, que sistemas de inteligencia artificial, como los de Microsoft, subrayen errores tipográficos en los textos que, en el 10-15% de los casos, son correctos. «Son palabras que no se usan mucho y que los recursos no reconocen. Esto provoca que los usuarios, aunque puedan pensar que lo que han escrito es correcto, duden y utilicen otras palabras y, como consecuencia, se reduzca el vocabulario del idioma», sentencia Benjamins.

El proyecto LEIA vela por el buen uso del español en los sistemas de inteligencia artificial

Lo mismo sucede con la corrección de la gramática en el traductor de Google, Google Translate. «No es que esta herramienta entienda la gramática del ruso o del español, simplemente ha visto tantas traducciones en internet que ha aprendido patrones y, por eso, sabe que una combinación de palabras equivale a otra en otro idioma, pero no entiende su gramática», añade. De ahí, el proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA), impulsado por Telefónica y por la RAE, para velar por el buen uso del español en la inteligencia artificial. «Google, Facebook y Microsoft, entre otros, se han sumado a este proyecto y, con él, se han comprometido a enseñar a las máquinas el español unificado por la RAE y a trabajar con herramientas que ayuden a las personas a hablar y a escribir de manera correcta el idioma», asegura Benjamins.

Su influencia social es variada, porque la inteligencia artificial resulta de aplicación en todos los sectores (tecnología, salud, agricultura) y en todas las empresas, administraciones públicas y organizaciones. «La inteligencia artificial es una realidad. Ya no es que sea una tecnología del futuro, porque ya está presente y, por eso, tenemos que tomar conciencia de que hay entidades que están utilizando estos sistemas en sus productos o servicios», explica Idoia Salazar, presidenta, y codirectora del Área de Ética y Responsabilidad del Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial, OdiseIA. Por ejemplo, tiene un impacto crucial en la lucha contra el cambio climático y, también, en la lucha contra las futuras pandemias. «Tendremos un sistema de alertas tempranas que permita, por ejemplo, al Ministerio de Sanidad, que conozca pasadas las 24 horas cuántas personas han viajado de un país que está en plena crisis sanitaria a España», describe el chief AI & Data Stategist en Telefónica. Pero, para ello, se necesita una formación: «Hay que explicar a las entidades, políticos o periodistas cómo deben usar la inteligencia artificial, sobre todo, para que la empleen con buenas intenciones, para mejorar la vida, la economía o la salud de las personas», sentencia Benjamins. Y, a su vez, tienen que saber que su uso implica ciertos riesgos, como la discriminación o una menor privacidad. «Hay que hacer un uso responsable desde el diseño de esta tecnología, porque no solo hay que pensar en el mejor resultado, sino en que también sea justo», añade. De ahí, que resulte esencial comprender cómo funciona un algoritmo para valorar las posibles consecuencias que éste pueda ocasionar. «Hay que preguntarse: ¿Estoy pensando en si su aplicación discrimina? ¿Utilizo los datos de una manera legal y ética? ¿Va a tener algún impacto negativo en los derechos fundamentales?¿Y en el cambio climático?», cuestiona Benjamins.

Esta tecnología puede ser muy útil si no se le permite tomar decisiones importantes de manera autónoma

La inteligencia artificial puede ser muy útil, siempre y cuando no se le permita tomar decisiones importantes de manera autónoma. «No podemos dejar que esta tecnología tome las decisiones por sí misma. Sería un completo error, porque no contextualiza, solo analiza datos», señala Salazar. Un escenario que también advierte Benjamins, quien asegura que estos sistemas «no saben razonar, porque solo observan lo que existen». «Hay que utilizarlos como herramienta de apoyo y no como recursos que puedan desplazarnos como humanidad», añade Salazar. De ahí que, en función de la situación, deba haber una persona involucrada en la supervisión o en la toma de decisiones. «Si yo quiero recomendar canciones no hace falta que haya nadie, pero sí debe haber un profesional para establecer un diagnóstico», esclarece Benjamins.

Netflix, por ejemplo, utiliza la inteligencia artificial para proponer recomendaciones en función de los gustos y preferencias de los usuarios. El problema es que este proceso, que no requiere de una labor humana, usa y almacena cantidades ingentes de datos. «Netflix analiza toda la información que, de manera inconsciente, producen los usuarios al manejar la plataforma. Por eso, resulta imprescindible la formación, para que cualquier persona conozca las peculiaridades de esta tecnología, entre ellas, cómo recoge, cómo almacena nuestros datos y para qué los utiliza». Y, por último, resulta esencial la educación para que las personas obtengan «un criterio firme que les permita discernir entre lo que es una recomendación y un incentivo de compra, como son los productos recomendados de Amazon», dice Salazar. A lo que Benjamins añade: «Concienciar, divulgar y hacer que organizaciones y ciudadanos entiendan esta tecnología y sepan lo que quieren hacer con ella».